¿Hay que cortar las uñas a un gato?
La respuesta corta de la fuente veterinaria es «no por sistema». Según International Cat Care, los gatos cuidan sus uñas rascando, lo que les ayuda a desprender la capa externa más vieja y a mantenerlas afiladas; esas uñas son una herramienta para trepar, cazar, jugar y defenderse. Cortarlas de forma rutinaria no es aconsejable. La excepción es cuando el gato no puede hacerlo por sí mismo: al hacerse mayor, las articulaciones con artrosis dificultan el rascado y las uñas pueden crecer en exceso, engancharse en muebles y mantas o crecer hacia la almohadilla, lo que resulta doloroso y puede infectarse si no se trata a tiempo. Por eso, en un gato joven y activo con rascadores a su alcance, lo habitual es que no haga falta; en un gato mayor, sí conviene revisarlas con frecuencia.
Cuándo sí conviene revisarlas y cortarlas
- Gatos mayores o con artrosis, que rascan menos.
- Uñas que se enganchan en alfombras, mantas o tapicerías, o que se ven curvadas hacia la almohadilla.
- Gatos que se arañan sin querer a las personas o entre ellos en el juego, si el veterinario lo aconseja.
- Gatos con poca actividad o sin rascadores, que no se desgastan solos.
Si dudas, pídele al veterinario o a la clínica que te enseñe a hacerlo una primera vez: según la propia guía, pueden mostrarte cómo hacerlo con seguridad y sin estresar al gato. Para el resto, revisa las uñas cada pocas semanas mientras acaricias las patas.
Cómo cortar las uñas de un gato, paso a paso
Los pasos que recoge International Cat Care, con criterio propio en los matices:
- Elige un momento tranquilo, con el gato relajado (después de comer o de jugar suele funcionar). Ten a mano un premio.
- Sujeta la pata con suavidad y presiona con delicadeza la parte superior de cada dedo para que la uña salga hacia fuera.
- Examina la uña con atención. Verás el vaso sanguíneo (la «pulpa») como una zona más rosada en el centro; no lo cortes.
- Con el cortaúñas, corta solo la punta transparente, lejos de esa zona.
- Si el gato se pone nervioso, para y vuelve a intentarlo otro día. No hace falta cortar las diez uñas de una vez.
- Termina siempre con algo positivo: un juego o un premio. Así el gato asocia la sesión con algo agradable.
La guía insiste además en ser especialmente cuidadoso con los gatos mayores, cuyas articulaciones pueden doler al manipular las patas. Si le cortas sin querer la zona sensible y sangra, presiona con una gasa limpia; si no para o el gato cojea después, consulta al veterinario.
Cómo elegir un cortaúñas para gatos
No existe una norma ni una prueba independiente que ordene los cortaúñas. Lo que sí puedes hacer, con criterio propio, es comprobar unos pocos aspectos prácticos antes de comprar:
- Tamaño adecuado a un gato: un cortaúñas pensado para perro grande es demasiado grande y poco preciso para uñas finas.
- Filo y buen corte: el corte tiene que ser limpio, sin aplastar la uña; un filo desgastado es peor que ninguno. Cámbialo si deja de cortar bien.
- Mango cómodo y seguro: tiene que sujetarse bien con una mano para dejar la otra libre para la pata.
- Buena visibilidad de la uña mientras cortas: algunos modelos llevan tapas que tapan la zona; puede ser un problema.
- Tipo: los hay de tijera, de guillotina y de alicate. Ninguno es objetivamente mejor: elige el que te dé más control y con el que te sientas más seguro.
Dónde buscarlo
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Si tienes también perro, mira la guía de mejor cortaúñas para perros: las uñas de perro son más gruesas y el cortaúñas no es intercambiable.
Fundas para las uñas de gato: qué sabemos y qué no
Las «fundas» o capuchones para uñas son unas pequeñas cubiertas que se pegan sobre la uña. Ninguna de las dos fuentes que usamos (International Cat Care y el BOE) las menciona, así que no podemos afirmar ni que sean recomendables ni que estén prohibidas. Lo que sí podemos decir es que la guía veterinaria pone el foco en cortar solo cuando hace falta y en respetar la función del rascado, y que cualquier cosa que cubra la uña podría interferir en ese desgaste natural. Si te planteas usarlas, consúltalo antes con tu veterinario, y observa si tu gato se las quita, se lame o se muestra incómodo.
Por qué tu gato araña el sofá (y por qué cortar las uñas no lo arregla)
Rascar es un comportamiento natural del gato, no una travesura: según International Cat Care, es la forma en que los gatos cuidan de sus uñas y se deshacen de la capa externa más vieja. No es algo que se pueda «quitar» con una buena educación; se puede, eso sí, dirigir hacia un sitio adecuado. Por eso cortar las puntas no elimina la conducta: el gato seguirá rascando el sofá, aunque haga menos daño. Lo que sí cambia el resultado es ofrecerle un sitio mejor para rascar. Un rascador vertical alto y estable, colocado junto al sofá o en la zona donde ya rasca, con un material que pueda hundir las uñas, suele funcionar mejor que un rascador pequeño y flojo en un rincón. Cuando lo use, prémialo. Y evita regañarlo: no entiende el castigo y solo asocia tu presencia con el rascado a escondidas.
Cómo acostumbrar al gato a que le toquen las patas
Criterio propio, con calma. Antes de coger el cortaúñas, empieza por tocar las patas durante los momentos tranquilos: caricias, presionar suavemente una almohadilla y premio. Pasa de una pata a otra durante varios días, y solo cuando lo acepte sin tensión practica a presionar el dedo para sacar la uña, sin cortar. Después, corta una sola uña y premia; otro día, dos. La clave es la constancia y el ritmo del gato: si se aparta, se para. Con los gatos que tienen miedo o se defienden, no insistas; deja que el veterinario lo haga o pide consejo. Y si convives con niños, que nunca sujeten al gato para cortarle las uñas: es una tarea de adultos.
Lo que dice la ley: no a las mutilaciones
En España, la Ley 7/2023, de protección de los derechos y el bienestar de los animales, incluye entre las prohibiciones específicas respecto de los animales de compañía (artículo 27) la de practicarles todo tipo de mutilación o modificaciones corporales permanentes. La propia ley exceptúa solo el marcaje en la oreja de gatos comunitarios y las intervenciones precisas por necesidad terapéutica para garantizar la salud del animal o para limitar o anular su capacidad reproductiva, y añade que no puede servir de justificación un motivo funcional o estético de cualquier tipo; la necesidad debe acreditarse mediante informe de un profesional veterinario. El texto que hemos consultado no usa la palabra «onicectomía» (extirpación de las uñas), pero la redacción general deja claro que una intervención permanente para que el gato no arañe los muebles no es una razón válida. Es un tema legal y veterinario: ante cualquier duda, pregunta a tu veterinario.
Alternativas para proteger muebles y personas
Si el problema es el sofá, actúa sobre el rascado, no sobre las uñas: ofrece rascadores estables y del tamaño suficiente para que el gato se estire, colócalos cerca de donde rasca ahora y prémialo cuando los use. La guía de mobiliario para gatos tiene opciones. Si el gato rasca por estrés, mira las feromonas para gatos y habla con tu veterinario. Y mantén el cepillado regular: es también un buen momento para revisar las patas; tienes la guía de mejor cepillo para gatos.
Qué llevar preparado antes de empezar
Ten a mano, antes de coger al gato: el cortaúñas ya abierto y a punto, unos premios que le gusten, una toalla por si necesita sentirse envuelto y una gasa limpia por si algo sale mal. Elige una habitación con buena luz, para ver bien la uña y la zona sensible. Si el gato se pone nervioso con solo ver el cortaúñas, déjalo unos días a la vista, cerca de su comedero, para que lo asocie con algo normal.
Errores habituales
- Cortar por sistema cada semana sin necesidad, en un gato joven y activo.
- Cortar demasiado cerca de la base, donde está el vaso sanguíneo.
- Sujetar al gato por la fuerza: si se estresa, se para y se retoma otro día.
- Usar un cortaúñas desgastado que aplasta la uña.
- Plantearse soluciones permanentes (mutilar) en lugar de trabajar con rascadores y enriquecimiento.
Consejo práctico: si es la primera vez, deja que sea el veterinario quien haga la primera sesión y te enseñe a hacerlo. Son cinco minutos que te ahorran un susto.